Otra copa, por favor

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Nacu

Nacu

He decidido beberme la vida a sorbitos. Poco a poco, con calma para no atragantarme. Es lo que tiene cambiar de estado y pasar de sólido a líquido. Que aunque lo hagas de manera consciente, debes permitirte una pequeña fase de asimilación y entrenamiento, para evitar pasar a gaseoso y desaparecer del todo.

He tenido un contratiempo, sí. Mi mundo se ha dado la vuelta y las cosas ya no ocupa su rincón preestablecido. Pero he decidido aprovechar este movimiento brusco para hacer limpieza. A fondo. Estoy tirando lo que me lastra y tengo intención de no volver a poner nada en su sitio. Entro y salgo de casa por la chimenea. He colgado la cama en la pared a modo de cuadro y suelo pararme frente a ella para deleitarme con una belleza hasta ahora insospechada. Cocino aprovechando el calor que provoca el sol a medianoche a través de mi ventana y nunca más usaré una silla para sentarme, sino para bailar, construir túneles en el pasillo o sujetar libros.

Parece absurdo, pero esto tiene un nombre: pensamiento líquido. Y consiste en ver las cosas desde nuevas perspectivas para aumentar la creatividad. Un punto de vista inusual, nos provoca reflexiones y actuaciones inesperadas. Cuando uno siente miedo, angustia o presión las ideas no fluyen. Pero si utilizamos el llamado pensamiento lateral, convertiremos los problemas en micro-problemas y será mucho más fácil encontrar para ellos una solución.

Para conseguirlo hay que arrancarse de cuajo el disfraz de espectador de nuestras propias vidas y enfundarnos el mono de la proactividad. Las nuevas perspectivas no llegan solas, hay que bajarse de un salto de la zona de confort, licuar moldes y barreras y dejar que el pensamiento fluya líquido y libre por cualquier rincón. Les sorprenderá las infinitas opciones que salen al camino. Tan infinitas como las formas y cauces por los que va transcurriendo ese líquido que es nuestro pensamiento.

De este planteamiento, acuñado por un psicólogo llamado Edward Bono, han salido gloriosas campañas de publicidad de marcas tan conocidas como Atrápalo, Ikea o Mahou. Muchas de ellas surgieron de la mente líquida de David Segura, desde hace poco mi creativo de cabecera. Pero la misma sociedad hoy es mucho más líquida que hace unos años. Como muestra, la pérdida de rigidez en instituciones como el matrimonio o la familia, que ahora se presentan en una amplia gama de formas y colores. Además, primamos lo efímero, lo cambiable, porque derretimos los moldes para crear otros nuevos a cada paso y eso nos permite avanzar al ritmo que marcan aspectos como la tecnología o la globalización. Ya nada es como antes.

El secreto está en adaptarse a las circunstancias conforme vienen y sin excusas. No quedarse quieto jamás, porque volver a arrancar nos constará el doble. Mostrarse, exponerse, enseñarse al mundo sin tapujos. Romper sin miedo huevos, huevos y más huevos hasta conseguir que salga una buena tortilla. Disfrutar y divertirse con cualquier cosa que hagamos y conseguir así ser un poquito más libres. La idea (líquida, por supuesto!) es que acabemos bebiendo de un trago esa vida que comenzamos a saborear a pequeños sorbitos. Y, a continuación, pedir que nos llenen de nuevo la copa.

LA “Y” GRIEGA CON LA “O”, YO.

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caligrafía 1

Bea Ponce

Desde bien pequeños ya nos enseñan que hay que escribir sin salirse del renglón. Con buena letra, imitando esa caligrafía, elegante y perfecta, que en realidad no dice nada de quien la escribe y manteniendo el cuaderno lo más aseado posible. Lo mejor es no equivocarse pero, si ocurre, que no se note que has borrado y has vuelto a escribir.

Recuerdo que pasé horas entrenándome para hacer, con cierta gracia, el dichoso rabito de la o. Y mientras ensayaba y ensayaba pensaba, con lo fácil y bonita que es una o redonda, simple, sin adornos. Pero, no. La meta, el reto, el gran problema era conseguir hacer esas oes como Dios y el señor Rubio mandaban para, ya saben, no salirse de la norma.

Y, así nos va…Porque el aprendizaje de la caligrafía es, en realidad, el entrenamiento de la vida. De bien niños dedicamos el tiempo y el esfuerzo a conseguir cosas que jamás aplicaremos después en nuestro día a día. Pocos, poquísimos adultos, le ponen después el rabito a la o y acaban enlazando esa letra con la siguiente como buenamente pueden.

El resultado es, sencillamente maravilloso. Una caligrafía irregular, desigual, personal, auténtica. Unas letras que nos dicen que hemos escrito rápido, con la prisa con la que nos movemos en el día a día . O que estamos sobre una superficie un tanto imperfecta, como nosotros mismos. En ocasiones, utilizamos al escribir un estilo caprichoso e inusual, que no suele ser el nuestro. Pero no hay nada ilícito ni deshonesto en colar de vez en cuando una R mayúscula en medio de un texto o un circulito sobre una i, en lugar de un punto.

Eso demuestra que somos personas más o menos libres, algo volubles, con algún toque inusual y variables. Atributos fantásticos que nos hacen más atractivos e interesantes, divertidos e imperfectos. Nuestro valor añadido es, además, la letra ñ que sólo se incluye en unos veinte alfabetos de todo el mundo. Así que disfrutemos de su curioso sombrerito, llamado tilde o virguilla por los expertos, y no perdamos nuestro tiempo en mirar si se lo hacemos recto o ondulado.

Los renglones torcidos también son renglones. Y el que los lee, los entiende, los aprecia y los valora. Porque no es lo mismo recibir una nota, una carta o un mensaje personal mecanografiado que manuscrito. No es lo mismo leer e interpretar el contenido de unas cuantas letras juntas y en orden, que reconocer en ella a la persona que las escribe.