Mi cara, tus caritas, sus emoticonos…

Estándar

file000132267159Mi amigo Roberto amenaza con borrarse de Facebook. Así me lo soltó el otro día y por un momento imaginé qué sería de mí sin sus comentarios ocurrentes y sin sus típicas fotos “a la bartola” ahora que llega el verano. Sin esas imágenes ingeniosas que, en amistosa competición con otros fotógrafos profesionales como él, nos enseñan caritas allá donde otros sólo vemos tapas de alcantarilla, los grifos de un lavabo o unos posos de café. Este fenómeno psicológico se llama Pareidolia y consiste en ver rostros o figuras donde no las hay.

Pero, a lo que iba. Roberto ha tomado esta drástica decisión por responsabilidad paterna. Dice que no quiere que sus hijos, todavía pequeños, crezcan viendo a sus padres con la cara pegada a una pantalla de móvil, ausentes a intervalos de 5 minutos, y con el silbido del WhatsApp como banda sonora de su infancia. El teléfono, la tablet, la smart TV que nacieron como aliados, acaban adueñándose de una sociedad ávida de inmediatez, notoriedad y comunicación compulsiva.

Seguro que todos conocemos a alguien que vive su vida a base de retweets y hashtags. Que no mueve una pestaña sin mostrar la foto al mundo, incluso antes de haberla movido. Gente que hace de su existencia una auténtica campaña de marketing on line y que se alimenta de Me Gustas, Favoritos y Más Unos. Personas que ven manitas con el dedo hacia abajo en las peores de sus pesadillas, o que deambulan tristes y ojerosas en busca de comentarios, menciones y trending topics. Emisores que ya no emiten mensajes si no los encriptan dentro de una sarta de emoticonos.

Hoy, sin ir más lejos, he compartido mesa y mantel con dos buenas amigas. Dos horas largas de conversación agradable, afectuosa, interesante, HUMANA. Teníamos tres rostros reales a modo de avatares, con sus guiños y sus patas de gallo. Hemos escrito un blog entero nosotras solitas, con una charla que ha ido de lo profesional a lo personal, ha sobrevolado lo emocionante e incluso, en algún instante, ha recalado en algún punto doloroso. Nos hemos hecho #FF (seguidoras) de nuestras propias historias, llenas de zarpazos, osadías y realidades. Y hemos llenado nuestro timeline de anécdotas, planes geniales y temores ante futuros inciertos.

A estas alturas nos sería muy difícil ya darle la espalda a las redes sociales y a las nuevas tecnologías. No hay vuelta atrás y seguro que el mundo es mucho mejor desde que existen. Pero en mi mundo también caben las miradas directas, las sonrisas cómplices y los brindis con sonido real de chin-chin. Quiero seguir viendo en la web las caritas inventadas de mi amigo Roberto, mientras le digo cara a cara y en persona que él sabe mejor que nadie que a veces las cosas no son lo que parecen. Que Facebook no es el lobo feroz, que el WhatsApp puede enmudecer si tú quieres y que lo urgente nunca manda más que lo importante.

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